SECRETO A VOCES



¡Buenos días! ayer leí un artículo en un periódico, que no tiene desperdicio, podemos aprender mucho de él, por eso decidí que hoy lo dedicaría en mi blog, sabéis que no soy partidaría de copiar lo que otros han escrito, pero con excepciones cuando el contenido merece la pena ser compartido y expandido para que llegue a cuantos más mejor.
Os copio el artículo y cuando pueda comparto también mi opinión al respecto, aunque ccreo que el autor del mismo lo ha hecho muy bien.

SECRETOS A VOCES

En boca del discreto, lo público es secreto, reza el refrán. Pero no abundan los discretos en esta época de decirlo todo donde la intimidad y el derecho a mantener a buen recaudo la información que atañe a la vida propia o a la ajena son valores a la baja. Todo hay que pregonarlo a los cuatro vientos, tanto da que se trate de un hecho de interés general como de una banal anécdota sin importancia. Cualquier asunto que pertenezca a la vida privada de alguien se convierte en mercancía, de mayor o menor valor según la condición del afectado, pero susceptible en cualquier caso de ser difundido a cambio de algo. Aunque ese algo sea únicamente la recompensa de un morboso prestigio para el indiscreto de turno, quien así aparenta ante los demás estar al cabo de la calle y tener acceso a información sensible. En una sociedad dada al chismorreo sin freno, tanto lo doméstico como en lo mediático, ¿cómo pretender que nuestros secretos no sean aireados? ¿A quién confiarlos con unas mínimas garantías de reserva?

Los filósofos siempre han tenido en alta estima el valor de la discreción, estrechamente vinculado con virtudes como la prudencia, la fortaleza, el sentido de la amistad o el honor. Pero nadie se ha ocupado de establecer al respecto unas reglas éticas, ni siquiera unos preceptos de urbanidad básica. Todo se reduce a un difuso mandamiento que nos impone guardar los secretos que otros han puesto en nuestras manos, como si el hecho de recibirlos nos transformara en curas obligados por el secreto de confesión o en médicos amordazados por el secreto profesional. La experiencia dice que las cosas no son tan sencillas. La única forma de saber que los secretos propios no escaparán de nuestro control es no hacérselos saber a nadie. «Tres personas -ironizó Benjamin Franklin- pueden guardar un secreto, a condición de que dos de ellas estén muertas».

Y es que los secretos queman. Que alguien nos cuente algo que guarda escondido tal vez pueda halagarnos en tanto que nos otorga la categoría de «fiables» o nos incorpora al grupo de sus íntimos. Pero al mismo tiempo nos compromete, nos carga de responsabilidad. No sólo obliga a tener la boca sellada, sino que a la vez aguijonea en el sentido opuesto, como si nos asaltara la súbita necesidad de difundirlo. Para mucha gente el placer de cuchichear lo que pocos saben es infinitamente superior al deber de callar. Así resulta que la mayoría de los pactos de silencio acaban en secretos a voces.

Hay otra carga más sutil, pero no por ello menos pesada, en la recepción del secreto. Quien nos hace depositarios de una noticia reservada que le afecta, está pidiéndonos alguna forma de respuesta activa, desde el consuelo de una pesadumbre hasta la solución de un problema. O indulgencia, o alivio, o lisa y llanamente una ayuda directa que no siempre somos capaces de prestarle.

Es lo que atormenta a Elena Andreevna, uno de los personajes de 'Tío Vania' de Chéjov, cuando hablando sola en voz alta confiesa: «No hay cosa peor que conocer un secreto ajeno y no poder ayudarle». He aquí la parte más insidiosa de los secretos recibidos, la que nos compromete a corresponder con algo más que atención y reserva. Puesto que hemos ingresado en el reducido círculo de los enterados, nos hacemos responsables de algo que, sin afectarnos directamente, ya forma parte de nosotros. Tenemos en nuestras manos un bien delicado. Hemos recibido la orden de no tocarlo, pero en cierto modo se nos ha pedido que lo administremos igual que los bancos administran los ahorros ajenos: protegiéndolos y a la vez dándoles rentabilidad, manteniéndolos seguros pero reintegrándolos con intereses.

Decía Baltasar Gracián que «el que confió sus secretos a otro, hízose esclavo de él». La esclavitud es recíproca. Si un secreto confiado a la persona equivocada puede costarnos más de un disgusto, también un secreto puesto en nuestras manos nos carga de responsabilidad. ¿Qué hacer, por ejemplo, cuando la revelación de un secreto podría evitar un daño grave a terceras personas?

Hace tiempo que los medios de comunicación ?particularmente los especializados en airear intimidades ajenas? condenaron a muerte lo privado. Tampoco son muy de fiar los archivos de datos donde están depositadas informaciones en teoría protegidas acerca de nuestra salud o nuestros bienes. Así que a nadie debe extrañar que la indiscreción también se haya colado en las conductas de la gente común y corriente. A veces hasta los amigos más incondicionales se relajan cuando de mantener un secreto se trata. La dualidad establecida por Aristóteles entre el «oikos» (la casa, el reducto inviolable de la privacidad) y la «ecclesia» (la asamblea, el lugar de los asuntos públicos) queda rota con la despótica irrupción de ese tercer espacio que es el «ágora», la plaza donde nada hay totalmente público ni totalmente privado y donde tienen la misma cabida el democrático derecho a la información como la nociva propensión a irse de la lengua.. Así las cosas, quizá la única manera de cuidar nuestros secretos sea no tenerlos.

José maría romera, ilustración Martín Olmos.

13 comentarios:

Alfonso dijo...

Yo no quiero saber secretos. Por saberlos, una vez tuve un problema y perdí dos amistades. Una pareja amiga mía. El engañaba a ella con la mujer del hermano de su mujer, que encima eran vecinos. Un lío, yo lo sabía pero no decía nada. Era un secreto. Hasta que un día se descubrió el pastel. Y todos me echaron en cara el no haberlo contado. A ver quién entiende este mundo...

Ruth dijo...

Hay amigo mío, es que es muy fácil, exhimir al que le corresponde la culpalbilidad y echársela al que encima nada tenía que ver, porque su acto, su palabras ese cumplimiento de guardar ese secreto lo había llevado al pei de la letra. Tú de culpa ninguna, culpa quien no hace lo que debe, un abrazote y ya sabes mucho, mucho ánimo.

JMR dijo...

Buen blog. Un saludo

Paco Centeno dijo...

Ya estoy de vuelta, con ordenador reparado.
Espero conocerte el 13 en Plasencia.
Un abrazote

Nieves dijo...

El ser humano es cotilla por naturaleza, y no sabe guardar un secreto.

La verdad, nos pasamos el rato haciendo especulaciones sobre la vida de los demás, sin darnos cuenta que estamos juzgando sin conocimiento veraz y haciendo pública la vida de personas privadas. Hacemos de lo que creemos es la vida del vecino un secreto a voces. Y de esto no se libra nadie.

Yo como Alfonso no quiero aber secretos...prefiero no conocer, así es más difícil meter la pata y contarlo.

Abrazos, Nieves.

Ruth dijo...

Gracias a ti JMR, hice una excepción ya que me gusta dar mi opinión acerca de aquello que plasmo en mi bitácora, pero el artículo me resultó tan bueno, que merecía la pena editarlo tal cual,los habrá mejores, pero para mí es muy bueno. Un abrazote y gracias por tu visita, y tu comentario

Ruth dijo...

Ya está bien Paco, te hechaba de menos, ya se me había olvidado lo de la avería del ordenador, pensaba que estabas ocupado y no tenías tiempo de pasarte por estos lares, además que si no hay ningún contratiempo, el 13 nos conocemos, que ganitos tengo que llegue, ya queda menos.
Un abrazote

Ruth dijo...

Mi querida Nieves, en mi propia carne sé lo que pueden hacer los secretos a voces, más cuando ya no es una divulgación de algo dicho a voces, sino la distorsión con la que esta llega, ayer leía una cita que ya sabes otra de mis pasiones, que me enseñan cada vez que encuentro alguna que me aplico, dice así: " si juzgas a la gente, no te queda tiempo para amarla".
Un abrazo enorme.

uno cualquiera dijo...

si quieres que todo el mundo se entere dí que es un secreto y ya veras......
Un beso Maricarmen

Amigo de la Dialéctica dijo...

Hola Ruth:

Lo mejor es no tener secretos que guardar, yo no traslado secretos a los demás, pues o los tengo. Me gusta lo público. Eso sí, diferencio lo íntimo de lo privado. No se lo que es lo privado, pero si que es lo íntimo. No son cosas que no se quieran compartir, simplemente son cosas que compartes con aquellas personas con las que empatizas tanto como para llegar a ese nivel de confianza.

Lo íntimo no es privado, pero en lo íntimo no debe entrar nadie que no comparta confianza e intimidad con quien se quiere intimar.

Recibe un abrazote amiga.

Ruth dijo...

Gracias Javier, habrá que medir y mirar con quien se comparten las confidencias o intimidades, no se vivimos en una época un tanto complicada, nuevamente nos vamos a los extremos, y cuidado que no sólo en extremadura, sino en todo el ámbito nacional, nos cuesta saber mantener el equilibrio de las cosas, por eso ocurre lo que ocurre, que haremos somos humanos, erramos pero también sabemos y debemos rectificar, en todo aquello que no funciona.
Un abrazote y luego si puedo paso a visitarte, sigo con un lío de tres al cuarto, pero bueno ahí estamos.

Amigo de la Dialéctica dijo...

Hola Ruth:

Que magnífica kedada. Espero que llegarais bien Nives y tu al pueblo. Ya he subido un post sobre la cuestión.

Recibe un abrazote amiga.

Ruth dijo...

¡Hola javier!
Gracias amigo por preocuparte, hemos llegado bien, estamos felices por el día que hemos compartido todos juntos, además voy a leer tu entrada para seguir regocijándonos y recordando este día muy pero que muy especial.
Un abrazote también para tí.

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Persona solidaria, que se niega a involucrarse en una sociedad y en un mundo donde se han perdido los principales valores humanos, el principal y mas fundamental el amor. Porque tengo un sentir especial hacía la personas, sobre todo los niños, porque me gustaría que hubiera un mundo mas justo y mas igualitario, considerando que la culpa de todas estas secuelas las ha ido generando el ser humano, por todo ello y algunas cosas mas, sigo hacia adelante porque tengamos una sociedad y un mundo donde preservere el amor antes que el odio, la igualdad antes que la discriminación, la libertad antes que la opresión, la soliralidad antes que el egoismo. Me gustaría encontrar personas con un mismo sentir que yo, motivados por inducir un cambio, porque no son grandes medios lo que se necesitan, el mayor medio es las ganas de conseguir este cambio. Os comparto dos citas, que de manera especial me estan ayudando en estos ultimos días. Quien quiere hacer algo encuentra un medio, el que no encuentra una escusa. (Cicerón) Porque no Grecia, ni de Atenas, soy un ciudadano del mundo. (Sócrates)

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